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Diario Qué!. Contraportada. Lunes 19 marzo de 2007

 

  

El día 19 de marzo, el día del padre, la última página de Qué! Madrid de distribución gratuita, nos informa que James Finn Garner es el autor de "Cuentos infantiles políticamente correctos".

Este autor, como todos los que le secundan, en esa manera de pensar y en su difusión, no saben que para cada niño o niña hasta cierta edad sólo existe la madre, esto quiere decir que todo aquel que se ocupa de sus cuidados ocupa la función madre. Función madre a la cual atribuye todo lo que su impotencia le dicta, por eso que la función madre es omnipotente o fálica. Madre y niño viven en un paraíso donde el niño es todo para la madre y la madre es todo para el niño, hasta que a otra cierta edad, de los 2 a los 5 años comienza a producirse la función padre, una función que viene a interrumpir el idilio.

En el paraíso con la madre cuando ella no era omnipotente o fálica surgía el temor a ser devorado por la madre, ahora con la llegada del padre surge un nuevo temor: ser castrado por el padre.

¿De dónde vienen los niños? ¿De dónde vengo? ¿Existo? ¿Dónde estaba antes de existir? son las preguntas que causan las pesadillas de los niños, que sólo podrán responder cuando descubran que hay dos sexos y que el coito tiene algo que ver con la reproducción.

Los cuentos infantiles aparentemente tan "terribles" son necesarios para elaborar el nacimiento y la muerte, por eso hay animales que se tragan vivos a los humanos y luego los humanos son extraídos vivos del vientre del animal, como una forma de elaborar el embarazo y nacimiento que en principio no distinguen como propio de la madre sino que para ellos tanto los hombres como las mujeres pueden embarazarse. El miedo a ser devorados y el miedo a ser castrados son maneras de elaborar el nacimiento y la diferencia sexual para poder entender ¿de dónde venimos?

 

Querer hacer más "potables" o "políticamente correctos" los cuentos es querer negar que provenimos de la reproducción sexual y por tanto que somos mortales.


Freud nos dice que siempre estamos dispuestos a creer cualquier teoría sobre la sexualidad, por muy absurda que sea, con tal de negar que provenimos de padre y madre. Preferimos creer que la sexualidad es algo abstracto y místico o que la vida sexual no es sino uno de los sectores en los que el ser humano quiere satisfacer la necesidad de poderío y dominio que lo mueve.

La vida sexual no es un tema escabroso sino un grave problema científico. Sabemos que la civilización se forma a costa de la sexualidad, y durante la vida sexual infantil se constituyen el pudor, la repugnancia y la moralidad.

Es porque la sexualidad infantil tiene estas características que los cuentos infantiles son así, y no por eso los cuentos originales eran "terribles" sino que significan otra cosa. Cuando en un cuento  se comen crudas a las personas es porque en la mente infantil si nacen vivas es porque entraron  vivas, etc...

 

Podemos decir  que el escándalo no está en la escritura sino en el ojo de quien lee.


Querer ser "mejores" nos lleva a imaginar "maldades", querer "corregir" siempre nos lleva a ser "malvados",  y a no reconocer a los grandes cuentistas y a los grandes científicos, grandes hombres que nos ayudan a civilizarnos, aún en contra de la comunidad humana.

 El Vigía Distraído 6

 

          

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