LA INTERPRETACIÓN.COM

 

          

“El gato” de Manuel Vicent, ¿Qué quiere decir? ¿ El que se lleva al agua o el capado?”

Madrid, 24 de mayo de 2006.

Estimado Manuel Vicent:

Leo su columna “El gato” y estoy obligada a preguntarme ¿qué quiere decir usted? Porque del psicoanálisis que yo conozco no habla...

Consulto el diccionario de uso de María Moliner y el ideológico de Julio Casares, porque, a veces lo que uno entiende a la primera no es lo que le están diciendo, y porque las palabras siempre son infinitamente más grandes que uno y ¡Ahí está!:

 Gato no sólo es el que hace miau, gato también es, entre otras cosas, bolso o talego en que se guarda dinero, dinero, hombre astuto y ratero.

Después de algunas cavilaciones, me quedé con la última de las acepciones: ratero, ladrón que roba cosas de poca importancia.

Todo ser humano es varios a la vez, es el padre, la madre, el hombre, la mujer; es el que padece la vida, el que la vive, el que trabaja... Desconozco los términos de su contrato con el diario El País, pero sé que el que escribía detentaba el lugar de lo que yo entiendo como trabajador periodista.

El hombre que vive no tenía otra posibilidad más que mostrar una inquietud personal. ¡Se llevó usted el gato al agua Sr. Vicent!, consiguió usted sus propósitos frente a otros, usó el lugar que le proporciona el trabajo para sacar sus trapos sucios en vez de lavarlos:

Lo que usted llamó psicoanalista en su columna no es un psicoanalista, es más bien un gato, un ratero.

Pero yo me animaría a más, porque no es un ladrón que le esté robando cosa de poca importancia; hablamos de salud psíquica y eso es oro, lo más valioso que alcancemos a poder pensar. 

Pero usted es responsable de lo que escribió porque al usar indebidamente las palabras psicoanálisis y psicoanalista confunde usted a la población que no tenga el placer de contar con el psicoanálisis.

Confunde usted hablar, con asociar libremente; como si una puñalada trapera fuera lo mismo que el preciso y certero corte de un cirujano. Vale que el los dos casos haya corte, haya carne y haya sangre, pero no es lo mismo, querido Vicent.

Y lo mismo con la escucha: no es lo mismo el que guarda silencio, que puede ser un pozo de ignorancia, que la escucha activa de un psicoanalista, que usted reconocería si hubiera tenido el placer de haber sido interpretado alguna vez. Porque la interpretación consuma la escucha, la lleva a cabo, la concluye y cualquiera que sea paciente de psicoanálisis sabe de lo certero de ella.

La relación que describe usted en el diario no es la de un paciente con un psicoanalista, sino con un estafador y de ahí los graves problemas que le da el gato capado, es decir: el ratero capado, cercenado.

Usted ha descubierto que eso que describe es una estafa, cosa que el ladrón da al rufián.

¡Le están dando gato por liebre señor Vicent!, y lo que no es legítimo, lo que no puede hacer, es: desde un lugar de responsabilidad como son las páginas de un periódico, defender que la liebre es un gato para no pensarse equivocado.

Se equivoca respecto al psicoanálisis.

Es algo generalizado por el momento, pero no le exime de la responsabilidad de dirigirse a gente especializada en su estudio si como periodista quiere referirse a él. Puede buscarla Existe.

Espero de usted que tenga arrestos para acercarse al psicoanálisis. Le aseguro que, si aprende a discernirlo, será lo más bello de su vida.

Tómese mi carta como algo cordial y solidario.

Eva Méndez Herranz
Alumna, desde 1996, de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lainterpretación.com