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El País, jueves 24 de agosto de 2006 Pág. 44. Revista de agosto

"...compartimos el 98,4% de los genes con los chimpancés;
el 97,7% con los gorilas..."

 

lo cual no quiere decir que seamos chimpancés o gorilas. Esto ya lo sabía Darwin y la genética lo avala. Darwin trabajó la discriminación de las especies, su genealogía, concluyendo ciertas leyes entre las que destaca una: todos aquellos que se reproduzcan entre sí son de la misma especie. La Taxonomía sigue el esquema binomial de Linneo que permite la clasificación en: Reino, División, Familia, Género y Especie. Podemos coincidir en la pertenencia al Reino de los Cordados, a la División de los Vertebrados, a la Familia de los Mamíferos, al Género de los Homínidos, pero somos exclusivos a nivel de la Especie, en nuestro caso la especie Humana.

En cuanto a los genes no interesa tanto la composición de los genes que a este nivel todas las especies mantienen una composición de cuatro bases, sino el número de cromosomas, que en el caso de la especie humana es de 23 pares de cromosomas, 22 pares de cromosomas autosómicos y un par de cromosomas sexuales,  número que es exclusivo en cada especie, por lo que queda  impedida la reproducción entre especies diferentes.

El Proyecto Gran Simio tal vez quiere decir que no debemos olvidar que los animales nos enseñan lo que es una familia, lo que es una moral, mientras que lo específicamente humano es que somos hablantes y por ello deseantes, que en el ser humano existe la sobredeterminación del desear: todo lo que le ocurre a un ser humano está tocado por la palabra, es, por muy paradójico que parezca, del  orden de su deseo.  

En lo humano la ética no coincidirá con la moral sino que se incluye el deseo, la sublimación, la paradoja del goce.

Con el deseo de que también lo humano tenga derecho a ser noticia.

El Vigía Distraído 6

 

 

          

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